La pequeña Isa quiere ir a prisiones

Hastiada de dar tumbos por sus lucrativos y satisfactorios trabajos, la pequeña Isa ha decidido optar por dejar la entretenida vida del autónomo, por algo más clásico, quizá monótono, pero en cualquier caso, menos aventurado que el trabajo por cuenta propia.

Considera ahora que es mejor rebajar los niveles de adrenalina que mensualmente -por no decir diariamente- fluctuan por su cuerpo. Esas no bajas por no enfermedades, provocadas únicamente por esos no ingresos si no trabajas, a los que acompañan las periódicas obligaciones para con el Fisco, suministros o Seguridad Social han pesado más que las, cada vez más, distanciadas comisiones por un trabajo de no comercial.

Aquellos maravillosos “en este trabajo estoy de puta madre” o “aquí sí me tratan genial”, pasaron sigilosamente a un “es que si no facturo” y un “por esta zona la gente no tiene ganas de tener este producto”, para finalmente acabar como todo autónomo: estoy harta.

Ha encontrado la salida en unas oposiciones. Unas que le gustan. Un aliciente que le hace volver a levantar sus ojitos azules con cierta esperanza en conseguir lo que tanto ha perseguido con sudor, esfuerzo y demostrando constantemente con mucho mejor resultado que cualquiera de nosotros, que no es solo una cara bonita. Es la mejor cuando se lo propone, a pesar de las zancadillas y micro-machismos (o no tan micros) que tiene que soportar a diario para poder ver reflejado el esfuerzo en una pequeña nómina. Es lo que tiene ser de tez clara, rubia con ojos azules, que para el trabajo te toman como florero y tienes que demostrar constantemente que eres mejor que ellos, sin ser desagradable.. Si fueses pequeñita, piel tostadita, orondita y con ojos del común marrón, como yo, sería distinto: no te harían ni el caso inicial.

Y en esas que me llama para, después de dar rodeos como siempre, pedirme mi opinión: ¿podría yo sacarme la oposición a prisiones? Claro, pequeña. Eso sí, tienes que ponerte.

Ilusionada como todo aquel que encuentra un objetivo que quiere. Envalentonada porque sabe que puede. Ilusa, como cualquier opositor cuando se da cuenta de dónde se ha metido. Esto no es fácil. Es mucho esfuerzo. Mucho temario nuevo. No vale con aprobar, tienes que ser la mejor. Y hay muchos, y mejores, y con experiencia. Esto va a ser muy duro. Tanto o más que lo que has vivido: estudiar como si estuvieses trabajando, pero cobrando como cuando estás de baja.

Como lego en Derecho, me pregunta para ver si puedo ir explicándole términos jurídicos a fin de entenderlos. Pobre, piensa que el docto soy yo. Aprovecharé, como con los hijos, el total desconocimiento de ésta para dármelas de entendido, ya que, al menos de momento, lo que pregunta es general. Cuando ya esté cerca del examen de oposición, toda vez que dominará mejor que yo el tema, me tocará, como con los hijos, cambiar de tema o excusarme en alguna oportuna dolencia para no dar a conocer mis debilidades.

¿Y cómo lo hago para no contradecirme? Diciéndolo una sola vez. En esas he resuelto ir a base de post. Así puede consultarlo cuando quiera, puede servir a alguien que quiera indagar un poco más, y cumplo con el objetivo del blog.

Eso sí, quede claro que aquí no se va a hacer un análisis pormenorizado. Para tal cometido ya existen unos excelsos manuales, estudios y jurisprudencia. Y sobre todo profesionales, a los que hay que acudir siempre ante cualquier duda, y no buscar en San Google, que puede resultar o no cierto, completo o adecuado a tu problema en particular. Yo puedo equivocarme (espero que no) en estos post.

En esas la primera pregunta que me plantea es ¿qué es eso de las jurisdicciones? Bien, para entendernos, nuestro sistema de garantías en el Estado de Derecho prevé que quien nos juzgue sepa todo sobre lo que nos va a juzgar (lo más cercano, a ser posible).

Atender a todas las materias con el mismo nivel de conocimiento es imposible (eso va también para que os lo veáis vosotros, los jueces, que nos exigís a los abogados autónomos que tenemos que bregar en todas las jurisdicciones para llevar el pan a nuestra casa, el mismo conocimiento que tenéis de vuestra única jurisdicción), se dividen las áreas (órdenes) en civil (se puede entender aquí dentro el mercantil), penal, social, contencioso-administrativo y, como órdenes especiales, militar (sólo para el ámbito estrictamente castrense y poco más -art. 3 LOPJ) y para temas de la Iglesia Católica, el Canónico (nulidades matrimoniales eclesiásticas, sobre todo). En otro momento hablaremos de la vinculación de nuestro sistema con los tribunales internacionales, sobre todo de la UE.

Esa especialización hace que, realmente, las sentencias sean lo más justas posibles, dictadas por profesionales totalmente eruditos en la materia (con sus salvedades, pero como norma general).

Es importante tener claro, por tanto, que un juez de lo civil no puede juzgar un asunto social; o un juez de lo penal un asunto contencioso-administrativo… Ejercerán su jurisdicción únicamente en los casos que les venga atribuida por ley (art. 9.1 LOPJ). Hay algunas excepciones, que veremos en otros post. Por ejemplo, el juez de lo penal puede ver una reclamación civil derivada de un delito. Ejemplo, te condenan por un delito de daños (art. 263.1 CP) porque has roto un teléfono de 800€ a 6 meses de multa, pero también tienes que pagar lo que ese delito ha provocado económicamente. Es decir, que por responsabilidad civil has de pagar al dueño del teléfono 800€. En principio sería del orden civil, pero en este caso lo puede resolver el juez de lo penal (si se ha pedido expresamente, claro). También está la prejudicialidad, pero ese tema toca tratarlo más adelante.

Recuerda también que los jueces y magistrados son independientes de todo: de otros juzgados, del Gobierno, y del gobierno del Poder Judicial. No tienen jefes. No pienses que el Magistrado del TS es el jefe del juez de tu pueblo. No. Ni el Presidente del Gobierno o el Ministro de Justicia. Se rigen por la ley y, en su caso, por la interpretación que se ha dado (jurisprudencia).

En cuanto a qué significa cada uno:

En el orden civil se encuentra prácticamente toda la vidacomún. Regula, por decirlo de alguna manera, el día a día del ciudadano. Desde el nacimiento, matrimonio, familia, herencia, compraventas, arrendamientos… Como hemos dicho, podemos meter aquí el mercantil, que viene a ser lo mismo, pero para empresas: creación y liquidación (con sociedades se puede hacer, con ciudadanos es delito. ¡Caca!), relaciones comerciales, contratos mercantiles,… Conocerá el orden civil, también, aquellas que no estén atribuidas a otro orden jurisdiccional (art. 9.2 LOPJ). Es decir, que si no entra en ninguna otra, es civil.

En el orden social entran todas las relaciones laborales (empresario-trabajador), contra el Estado cuando se le atribuya responsabilidad por legislación laboral y aquellas que tengan que ver con el sistema de la Seguridad Social. Es muy específico pero muy importante. De hecho, si te fijas un poco, estás aquí por algunos problemas con las empresas para las que has trabajado. Ejemplos: despidos, vacaciones, impugnación de bajas, solicitud de incapacidad permanente (no confundir con la incapacidad civil)… (art. 9.5 LOPJ).

En el orden contencioso-administrativo tienes aquellas que sean por la actuación de las Administraciones públicas sujetas al derecho administrativo (art. 9.4 LOPJ).  Para que te hagas una idea, si vas contra una Administración (tras el procedimiento administrativo), entonces por esta aquí. Ejemplos: multas de la O.R.A., de tráfico, licencias, sanciones urbanísticas, caída en la calle por mal estado de la misma…

El orden penal comprende, cómo no, aquello que es susceptible de ser delito. Tiene castigo: una condena. ¿Qué quiere decir con esto? Pues que poner los cuernos puede llevar a un divorcio, pero no es delito. Que te deban dinero, lo reclamas por vía civil. Si te roban o estafan, por el penal. La función es punitiva (castigo). Aprovecho para recordar que no debe usarse esta vía para “dar un susto” o “una lección” o para ver si el juez “pone en línea a mi hijo, porque yo no puedo”. La resolución de estos procedimientos son, para entendernos, absolución o condena. El juez no se va a hacer cargo, ni va a regañar, ni a poner a un señor a que le diga al hijo que se porte bien con sus padres. Si hay condena será prisión o multa (o de otro tipo, según el delito, como ya veremos en otros post).

Y dentro de este ámbito penal está el penitenciario, al que pretendes entrar. Es muy específico, delicado y poco conocido. Has de prestar atención, pues se aplica solo a aquellos a los que el sistema priva del más valioso de los derechos tras el de la vida: la libertad. A partir de ese momento estarán confinados por más o menos tiempo entre cuatro paredes. Pasan de ser ciudadanos a presos. Ya no hay distinción entre ellos. Deja de haber privilegios. No hay condes, ricos, o pobres. Y si se hace esa distinción dentro, habrá problemas para los responsables de la prisión. Denostados por la sociedad. Marcados para siempre. Y una vida que, aunque desde fuera pueda parecer cómoda porque tienen tele y algunos piscina, no es fácil ni entretenida. La cárcel, o prisión, tiene la intención de reeducar, resocializar y reinsertar al preso. Rara vez se da, pero es su función. De ahí que, si se cumplen determinados requisitos previamente marcados por ley para TODOS (por más que se quiera hacer titulares con algunos) se les vayan concediendo determinados “beneficios”, como poder salir unas horas al día, o a dormir otros días… Eso sí, esos beneficios están sujetos a cumplimiento estricto de determinadas normas, como estar tu día a tu hora en prisión otra vez. También, como verás más adelante, no solo tienes que cumplir los requisitos, sino que la Junta ha de dar el visto bueno. Es bastante garantista, aunque siempre hay alguno que sale rana.

Como primera aproximación, va bien. Espero que te haya servido de algo. En otro te daré algunas pistas sobre la diferencia entre demanda, denuncia y querella. Ahora me voy a darle al vuelta a mi cinta de Bon Jovi, que mi aparato retro (vintage) no tiene autoreverse.

Por cierto, LOPJ es Ley Orgánica del Poder Judicial 6/1985, de 1 de julio; y CP es Código Penal, que es la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre.

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