Dejando el reinado (Abdica el Rey)

Estimados lectores, es inevitable hablar estos días de un tema; la abdicación de don Juan Carlos I en favor de su hijo don Felipe de Borbon (quien reinará con el nombre de don Felipe VI).

es que hay dos corrientes de opinión importantes: de un lado los que consideran el cambio necesario o innecesario y los que bajo ningún concepto aceptan dicho cambio para un sucesor sino para acabar con la institución en sí. No han tardado en aparecer reacciones diversas al fenómeno de la abdicación de nuestro monarca, y aquí hacemos una de las múltiples reflexiones posibles.

Innegable es la importancia de la figura del Monarca, sobre todo en los tres primeros lustros de su reinado. Menos notoria en los siguientes, y más que discutible en este último lustro.

Creo que la decisión tomada por don Juan Carlos I, no solo ha sido lo suficientemente meditada, como todas las decisiones de estado que ha tomado, sino que ha sido tomada como la última posibilidad que le quedaba en su intento de salvar a la institución, después de los desaciertos más que notables de estos últimos años. Destacan algunos grandes errores que le han pasado factura a «La Casa» y de los que no los ha podido recuperar el monarca.

Ha pesado la imputación de su yerno en un primer momento y de su hija en otro posterior. Eso es indudable. Pero lo que ha sido imperdonable ha sido el tratamiento que se ha llevado en «palacio». Insultó y mucho, en su momento, que por estar siendo investigado se le premiara con un puestazo en Telefónica porque su suegro tenía buenos contactos y con ello un estupendo traslado a otro continente, pero manteniendo su hijisima su puesto en la famosa entidad catalana. Insultó ver en portada a la reina reirse saliendo de una cena familiar con los Urdangarin, mientras España se desangraba por la brecha del paro y por una incontrolable crisis. Luego, aún hemos asistido impertérritos a las triquiñuelas procesales vistas en el procedimiento que se sigue contra Urdangarin y otros, para evitar que una Infanta de España se sentara a dar unas cuantas explicaciones en un banquillo. Mientras, NADIE HA PAGADO AÚN las responsabilidades económicas del delito en cuestión. Es imperdonable, del todo imperdonable, que Su Majestad no se plantara ante su hija y su yerno, sabiendo como sabía que la imputación era inminente y no abonara cautelarmente todas las cuestiones económicas, precisamente por «vergüenza torera», por proteger a la corona y como reconocimiento (que ya tenían) de las malas gestiones llevadas a cabo.

Todas estas cuestiones, más las cacerías inoportunas (todas ellas a ojos de muchos) así como las de otras correrías (con nombre femenino), han hecho que hoy, vuelva a brillar el hombre de estado que es nuestro Rey para abdicar en favor de su hijo, hombre de honradez aún no acusado de una mala conducta, bien formado donde los haya, y amante de su patria como si fuera suya. Todos estos elementos hacen que hoy nuevamente tengamos en nuestro Rey un ejemplo como el que nunca debió dejar de ser.
Ahora correrán otros tiempos, y quiero pensar que su hijo pueda llegar incluso a superarlo teniendo por delante un difícil camino, sin duda, y delicadas decisiones que asumir. Larga vida al Rey.

 

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