La libertad, y su derecho/obligación a ser respetada

La libertad se configura como el auténtico valor a defender en cualquier situación. Cualquier derecho que pretendamos sea reconocido realmente es una parte de la libertad en sí, en cualquiera de sus expresiones.

Así se protege a quien sufre una lesión física, coloquialmente hablando, porque se ha violado la libertad a no sufrir agresiones, a mantener la víctima su físico sin ser lesionado por un tercero.

Pero sucede que en ocasiones se utiliza la demagogia para impedir o limitar la libertad que todos debiéramos tener en cualquier parte del mundo.

Unas veces se alegará que choca tu libertad con la mía a poder pegar a quien quiera, otra que por proteger a una comunidad frente a un individuo, otras porque «es la tradición» y otras, simplemente, porque es lo que quiere hacer quien tiene el poder (normalmente acompañado de las armas, el dinero…). Modos hay muchos.

Las más arraigadas, y ocultas, son los ataques a la libertad de pensamiento y de expresión, entendidas en sus conceptos más amplios. En libertad de pensamiento abarcamos todo lo que pueda pasar por nuestra cabeza: desde un pensamiento político o de una religión (incluida su falta), hasta el interés por la vida. Por libertad de expresión, bastaría con poder decir o expresar nuestra libertad de pensamiento al exterior sin temor a ser reprimidos, bien moralmente bien judicialmente.

Entran aquí los más bajos instintos humanos, aleccionados a través de los siglos y cuya única intención es generar un rebaño que siga a un líder. Sí, bajo la capa de la persecución de un ideal más justo y bueno para sus congéneres, lo único que realmente se busca es el poder, no nos engañemos. Persiguiendo una idea única que, previa y sutilmente, se ha encargado este grupo en introducir en el pensamiento de ese corderito para que la asuma como idea propia.

No es fácil ni tampoco rápido. Consiste básicamente en coartar e impedir una libertad de pensamiento en un ciudadano cualquiera desde que tiene uso de razón, a través de la enseñanza -no sólo en colegios, o a través de libros y medios de comunicación, sino desde su propia casa, en familia-, que por supuesto ya se han encargado de que sea aceptada por la ciudadanía como buena. Cuanto más pequeños mejor. Asumen la idea desde el principio, como la lengua materna. Si se consigue, ya está todo hecho. Esa personita se desarrollará, vivirá su vida, pero ya llevará asumida como propia la idea que hábilmente le fue introducida, y aunque no quiera, la transmitirá a su descendencia. Ese sujeto no se da cuenta, pero realmente ha estado sufriendo un maltrato psicológico desde niño. Han moldeado su pensamiento para conseguir un adepto fiel. Han coartado su libertad de pensamiento, lo que conllevará al de expresión.

No es banal esta reflexión. Está más extendida de lo que se pueda creer. El ejemplo más claro, el que todo el mundo tiene en mente, es el del radicalismo religioso, últimamente identificado con los extremistas islámicos. No se equivocan.

Recientemente se ha formado un gran revuelo por la publicación de una película en la que no se «respeta» la figura de Mahoma como se pretende por parte de la comunidad más radical musulmana. También unas caricaturas publicadas en ciertas revistas o periódicos. Ha llegado a tal extremo que las naciones han mostrado su miedo a posibles represalias, como Francia, que ordenó cerrar embajadas suyas en países mulsulmanes.

Pues he aquí la contradicción de una religión que presume de significar paz, y que desempolva tambores de guerra ante la expresión libre de un pensamiento en otro lugar donde las personas no se mueven por motivos religiosos. No sólo se pretende la asunción de sus ideas por parte de quien, líbremente y en un territorio distinto y libre, no la tiene ni acepta, sino que provoca miedo en estos ante la posible represalia. ¿Pero qué es esto? Bastante es que en determinadas zonas (países concretamente) se haya utilizado la técnica descrita anteriormente para que se acepten como normales las pretensiones bárbaras e inhumanas de algunos (no hace falta recordar el trato que reciben las mujeres, y cómo ellas lo consideran normal). En estos nuestros lares se permite y, además, se obliga al respeto. Ese mismo respeto que estas comunidades exigen, y que se les concede respecto a sus costumbres y religiones. La libertad y la protección de los derechos ha de ser siempre recíproca. No está permitido, ni se puede consentir, la protección de las ideas de una parte que, para colmo, además pretende el sometimiento de la otra.

Este ejemplo es el que nos lleva al presente post, aunque hay muchos otros casos que no queremos dejar en el olvido: nacionalismos y separatismos, así como extremistas católicos o protestantes, y colonialistas, que también.

Por eso sirva el presente para formalizar nuestra más firme oposición a todo aquel ataque a la libertad, entendida en toda su extensión, y nuestra repulsa a todos aquellos que utilizan su posición para moldear la voluntad de cualquier persona.

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