31 de mayo: Día mundial frente al tabaco.

Hoy 31 de mayo, es el día mundial frente al tabaco. Es buena excusa, tan siquiera, para dejar de fumar aunque sea sólo por unas horas. Aunque sea sólo el intento, ¡vaya!

Quizás deberíamos todos hacernos eco, al menos por hoy, y olvidarnos de ese maldito vicio por el tiempo que podamos, y -¿por qué no?- intentar dejarlo por completo.

Nos guste más, menos o nada, lo cierto y verdad es que los fumadores estamos señalados,  «perseguidos», «acusados»… Nos sentimos poco menos que prófugos, fumando a escondidas o, lo que es peor, en la calle, como las mascotas cuando tienen que hacer sus necesidades.

No es que esté mal que nos ayuden a dejar de fumar. Por mucho que queramos darle la vuelta, todo fumador sabe y admite, aunque sea en su intimidad, que el tabaco es «una mierda» y que hay que dejarla como sea, que no queremos que las personas a las que le tenemos un afecto comience a fumar. No lo recomendamos, por lo menos una vez que somos conscientes de lo que es. Pero, quizá, no sea necesario o preciso llegar a estos extremos.

Siempre hay algún tipo, el cual, sin educación ni consideración alguna, ha fumado en espacios en los que no debiera, aun estando permitido legalmente. Al menos en mi entorno siempre hemos preguntado si se podía fumar antes de hacer el ademán de sacar la cajetilla, y no hemos fumado si ha habido alguien a quien le pudiera molestar, o que le moleste a pesar de no poder expresarse (niños, por ejemplo). No nos hemos encendido el pitillo o nos hemos salido fuera. La diferencia con lo que ocurre es básica: no te sentías como un «apestao».

Esto ha tenido como colofón y perjuicio principal la economía de los hosteleros, estanqueros y productores de tabaco (que en España son unas cuantas familias). No es que sólo fuésemos los fumadores a tomarnos el café, la caña o la cena, pero sí que son varios, y eso se nota en la caja, siendo más importante a día de hoy. El no fumador no lo entiende, y no le culpo (realmente lo envidio), pero al fumador le gusta encenderse un cicarrito con el café, o tomándose una copa. Ya habíamos aceptado que no en todos los sitios se podía fumar, los teníamos localizados y era visible: si querías entrar ya sabías que podía haber o no humo, según el sitio. ¿Para qué, entonces restringir todos los sitios?

Dos cosas se hicieron mal por parte de los fumadores y resto de afectados. La primera, no manifestarse -y seguir haciéndolo- como es debido, como han hecho con otras causas a través de sus agrupaciones (movimiento 15M, por ejemplo). La queja que hubo fue nimia, tímida en exceso, sin sentido. Se aceptó tácitamente la norma, dejando pasar la oportunidad de intentar revertir la norma a su estado anterior: sitios en los que estaba permitido y en los que no. Las quejas y manifestaciones que, a partir de dicho momento, se han hecho ya sólo serán testimoniales. Mal hecho.

La segunda y más importante, se hubiese hecho lo anterior o no,  es no dejar de fumar. No como castigo o represión al Gobierno o frente a dicha medida, sino reconociendo y asumiendo que somos adictos a una sustancia nociva. Reconociendo nuestro error y erradicar este hábito de nuestro día a día.

Aprovechemos cualquier excusa para dejarlo, no para defenderlo o excusarnos en la injusticia de la normativa para seguir fumando, en cualquier momento, como pueda ser el día de hoy.

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