Conocidos divorcios de “famosos”

Divorcios famosos

Últimamente, bueno en realidad cada cierto tiempo, salta a la palestra el notición de alguna ruptura sentimental entre dos asiduos a medios de comunicación del corazón. Y en no pocas ocasiones me veo en la obligación/necesidad de taparme los pabellones auditivos por no poder soportar tantas incongruencias y desinformaciones, cuál de ellas más escandalosa. Y es que, aunque el lector a estas alturas sabe más o menos lo que es un convenio regulador, lo que realmente le vuelve loco es que esos divorcios de la «tele» poco o nada tienen que ver con los del vecino del quinto. A todas estas personas me gustaría decirles que estén tranquilos, porque todos los divorcios son procesalmente iguales, aunque no lo sean en el fondo, por cuanto ya las cuestiones económicas -al menos en apariencia- nada tienen que ver entre unos y otros.

Dicho esto, he sentido la necesidad de escribir estas palabras durante meses. Concretamente desde que ví cómo la sobrina de «la más grande» se prestaba a las visitas e intercambios a través del AVE de su hijo, desde que este tenía unos pocos meses de vida. Y dicho sea con el más estricto de los respetos… ¿quién «coño» le dijo a esta chica que tenía que dejar a su hijo -bebé- los fines de semana alternos a su papá a ¡quinientos kilómetros de distancia!? Queridos lectores, esto es una aberración. Y lo digo no sólo como operadora jurídica que soy y la labor profesional que he desarrollado (y comentado con todos mis compañeros) en innumerables crisis matrimoniales, sino, muy especialmente, por el papel de madre que también desempeño.

Ahora bien -y aquí viene lo bueno- lo cierto y verdad es que en la casi totalidad de las cuestiones que se ventilan en un plató de televisión en relación con un asunto jurídico, con un juicio, nunca facilitan toda la información ni mucho menos correctamente, por cuanto normalmente el periodista tiende a sesgar la realidad y resumir, cuando en Derecho y en resoluciones muy especialmente NO SE PUEDE RESUMIR. Porque existen unos presupuestos de los que se parte, antecedentes de hecho, unos fundamentos de derecho y un fallo. Estas partes no pueden ser resumidas, sino es con una conocimiento tanto de la demanda principal como de la contestación, y por básico y primordial con unos conocimientos del mundo jurídico que los periodistas no tienen (o no lo parece), por más que se puedan llegar a molestar por esta afirmación. Difícilmente son capaces de diferenciar entre denuncia y querella, que no llegan tampoco a diferenciar entre demanda y denuncia. Con eso lo único que se puede transmitir a la audiencia son, desde luego, conceptos muy confusos y erróneos.

Y ahora mis manifestaciones con respecto a la situación de la sra. Mohedano es, con la escasa información que se baraja en los medios sin ánimo de ofender y,por supuesto, en la más humilde opinión, la que utilizo como ejemplo para el presente artículo.

Cierto es que el papel de los progenitores varones es cada día más importante, como debe ser. Y que el papel de muchas mujeres reivindicando este extremo ha sido también importante, pero no puede (ni debe) ser desdeñado bajo ningún concepto que el papel de la madre juega siempre una posición muy especial. Sobre todo esa especialidad viene dada cuanto menor es la edad del hijo común y siempre en atención a las especiales circunstancias del caso.

«Chayo», hija mía, ¿cómo estuviste para que se estableciera ese régimen de visitas y pernoctas de tu hijo siendo tan pequeño? Eso no puede haberlo hecho un profesional que se precie porque, insisto, no cumple ni de lejos ni con el espíritu de la ley ni con las necesidades del menor ni con los deberes de los progenitores. Es simple y llanamente una cutre y absurda forma de firmar un convenio que dista mucho de ajustarse a unas circunstancias que pueda aprobar un Ministerio Fiscal, y que justifica sin duda la última resolución de la que se ha hablado, que es aquella en la que una señora Jueza modifica la pensión pactada y reprime sobremanera los incumplimientos del señor Tejado, así como la falta de veracidad de su postura.

Dicho esto quiero aprovechar la ocasión para que los señores lectores sepan que tan importante es llegar a un acuerdo y divorciarse «de mutuo acuerdo», como que los acuerdos adoptados sean de sentido común, aplicables y soportables en el transcurso del tiempo, que es mucho, y que recordamos, hasta que esos hijos sean íntegramente independientes, lo cual en los tiempos que corren también da miedo, aunque ese ya es un tema a tratar en otro número.

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