El plató del Congreso

¿Realmente hay diferencias entre un programa de corazón y el congreso de los diputados? Los tiempos están cambiando.

Con la venia de todos ustedes, en este número me gustaría hacer algunos símiles para todos aquellos que con su dedo acusador critican lo que en la actualidad es el opio del pueblo (para muchos): los programas «de cotilleos».

Y es que desde que nuestros diputados, ministros, y candidatos se dedican a cantar se han acercado mucho más a la España de la Esteban, que a la que pretenden vender de literatos y demás.

Y es que, yo no se ustedes, pero a mi me ataca una importante acidez cuando escucho a un político hablar sobre el contrario. Y ello porque una cosa es incidir en lo mal hecho, y otra es criticar como si de un acuartelamiento se tratara. Miren ustedes señores políticos, no nos creemos ni cómo se critican ni lo que se critican. Tanto lo hacen unos como otros, ahora sí vendría al caso decir «tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando». Cuando unos tienen imputados por corrupción otros también los tienen y por la misma corrupción. Es realmente curioso que finalmente sean tan parecidos mostrándose tan distintos, y resulta que no es un juego de palabras. Curioso el asunto.


Estamos cansados de que ataquen siempre con las mismas «mierdecicas» dejándose los «truñacos» intactos porque son demasiado olorosos. Si se critica se critica CON MAYUSCULAS, sino lo que se hace es «mierdear», y es que para «mierdear» es preferible cotillear, ¿o no? Y por cotillear no es ver a las hijas del presidente vestidas de góticas, porque las pobres bastante tienen ya. Ni saber si es cierto o no que la señora Aído hizo realmente el plano del clítoris, o si esto es una leyenda urbana. Ni necesitamos saber si la señora Chacón vende esa maravillosa mansión del Pacifico por más o menos dólares para comprarse otra aún más ostentosa. O si un antiguo ministro fue adultero o no, sino le importó a su partido que rompiera su compromiso matrimonial yo no seré quien lo critique por supuesto.

Lo que realmente le j… a cualquier español de bien, es que detrás de toda esa cortina de humo lo que sí se esconde es una clase política que juega al «quítate tú pá ponerme yo». Que está agarrada a un sillón del Congreso sin que se les pueda despegar ni con agua caliente. Es más, me atrevería a decir que ni con aceite hirviendo. Lo que resulta vergonzoso es la impunidad con la que mienten. La impunidad con la que manipulan el sistema para no modificar la necesidad de un flagrante delito para obviar la condición de aforado. La impunidad con la que llevan en sus listas a imputados por los más variopintos delitos. La impunidad con la que los imputados continúan cobrando sus extraordinarios sueldos. La impunidad con la que serpentean por organismos para seguir «colocadicos» en alguna caja de ahorros o empresa pública desfasada pero en activo una vez que se le acaba «el chupe político». Y es que parece que esta res publica les va muy bien a toda esa gente cuya profesión es la de político. A quien su única experiencia profesional le sitúa en la política. Claro es que no saben que hay vida más allá, y que hay trabajos que hacer para que te paguen un sueldo teniendo un jefe que te impone condiciones. Es que ese otro mundo en el que ustedes y yo vivimos, a esta gente ni les suena. Es que no saben que existe ni de la manera que existe, esa es la realidad más amarga de esta clase política tan bien instaurada. Es que señores en este país hay muchas personas que no saben cuál es el salario mínimo interprofesional. Y que no se cree que hay trabajadoras que cobran poco más de trescientos euros.

Que esta clase política no sabe lo que es ir a «sellar el paro» pero que sí se permiten las licencias de decirnos que nos tienen que subir la tarifa de la luz porque lo dice Europa. Pero es que Europa también dice que nos tienen que bajar las tarifas de telefonía y telecomunicaciones y en este país nadie está haciendo nada. Pero es que Europa nos ha bonificado la no plantación de algodón y ningún político ha insistido ni ha informado, por supuesto, de las consecuencias de esas bonificaciones. Ni de esas ni de otras. Pero tampoco oigo yo en el Congreso recriminar el dinero que se ha inyectado a la banca. Es que el señor Botín es una de las grandes fortunas de este país y del mundo, pero le han inyectado nuestro dinero con el beneplácito y la complacencia de todas las Cortes.

En definitiva la vergüenza de que nos tomen como la más ignorante de las poblaciones, como si fuéramos ciudadanos, pero ciudadanos TONTOS. Porque es que no nos estamos enterando de que nuestra clase política la están convirtiendo en una clase política de castas, pero es que si al menos fueran buenas… pero es que ni eso. Es por lo que les insisto en que si alternamos los programas de corazón con los debates de la nación nos resultará mucho más soportable, y si a eso añadimos que estamos en un momento pre-electoral estaremos mucho más entretenidos. Eso sí, no olvidemos que debemos de formarnos una opinión para poder acudir a la próxima cita con las urnas y decidir a quién le subimos el sueldo esta vez.

Aunque muy utópico me parece, si pudiéramos despedir a más de uno me encantaría por esta vez poder engordar las listas del paro con alguno de estos políticos demagogos y perezosos de pro. Eso sí estaría realmente bien, casi mejor que ver una reconciliación entre la Esteban y la Campanario en directo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s