No se vayan a morir!

Y es que de sobra se sabe el lío que se forma cuando alguien fallece. Por exponer algunas curiosidades que aún mantiene nuestro código civil, ¿sabían ustedes que cuando un difunto ha manifestado su voluntad de dejar sus bienes a los pobres, sin identificar a qué pobres, se limita según el texto legal a los pobres del municipio del testador, artículo 749.1, y quien decide quien es merecedor de tal calificativo será en primer lugar el albacea, y en su defecto el párroco, o el alcalde y el Juez quienes decidirán por mayoría de votos las dudas que puedan surgir al respecto?

Resulta curioso que pervivan estas instituciones en los tiempos que corren, pero, francamente ¿cómo no van a existir? A fin de cuentas todos los días se nace y se muere, y eso es irremediablemente lo que nos recuerda el incesante paso del tiempo como las aspas de un molino que va girando lentamente cuanto más se mira, y si se deja de mirar pasa tan rápido que ha parecido un suspiro.


Volviendo a las consecuencias jurídicas que tiene el hecho de morirse, «Dios nos libre muchos años», Venimos a destacar alguna de las situaciones más o menos enrevesada, y es que claro si contamos con que tenemos ley del Divorcio desde el año 1981, ya se han muerto algunos divorciados/as, y que puede pasar que hayan dos viudas, un par de hijos de un primer matrimonio y otro hijo de un segundo matrimonio. Al margen de que a la hora de redactar la esquela fácilmente puede montarse y gorda, tenemos dos beneficiarias de una misma pensión de viudedad, y unos herederos legítimos, más la legítima del cónyuge viudo, pero ¿cual seria el cónyuge viudo? Sin meternos hasta ahondar mucho en el asunto, lo que sí ha ocurrido y no en pocas ocasiones ha sido que, esa segunda familia del difunto se ha apoderado de todos los bienes del mismo sin incorporarlos a la masa hereditaria y es que claro, una casa o una finca sí tiene constancia de su situación jurídica por cuanto está inscrita en el Registro de la Propiedad, pero ¿qué pasa con un reloj?, ¿y con un traje?, y ¿con los cuadros, las joyas?, con todas esas cosas que se van adquiriendo durante toda una vida.

Aunque suene feo e impopular decirlo, en la mayoría de los casos, y salvo honrosas excepciones, la primera familia permanecerá al margen de todas esas cosas, mientras la segunda se encargará de poner «a buen recaudo» todo lo que le interese, pues considera que esas cosas le pertenecen tanto a la segunda viuda como a su prole, obviando que exista otra prole que tiene exactamente el mismo derecho, y ¿cómo podemos evitarlo? Pues esto si que es aún más difícil porque ¿quien tiene el valor de mandar a un señor Notario a la casa de nuestro familiar difunto estando aún de cuerpo presente para que su viuda (la segunda) no se apodere de lo que no le corresponde? Pues como por suerte o por desgracia, no muchos han llegado a ese punto de desarraigo, otras muchas aprovechan para seguir campando a sus anchas y luego escribir muchas páginas con lo ocurrido, y sino que se lo pregunten a Isabel Pantoja y a los hijos del difunto Paquirri.

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